Clase del lunes. Profesor argentino, creativo,
divertido aunque intente tan obstinadamente pronunciar la ll como elle, dejando
atrás la eshe argentina que me suena tanto a mar. En fin, como dije antes: Spain
is different y hay que adaptarse.
Aquí el cuento que nos obligó
a escribir en 15 minutos. ¿La inspiración? Un manual de planchas. Hice lo que
pude y me gustó así que lo comparto sin editar, que los guisos improvisados son
más ricos que los de receta:
No abandone la plancha
Cuántas veces quisiera que las personas viniesen con manuales de instrucciones, pero no manuales complicados de DVDs y módem ADSL, sino manuales clásicos, los de toda la vida: los de mi plancha.
Entonces, al conocer a alguien le buscaría las instrucciones (que deberían venir adheridas a la espalda del desconocido), las repasaría brevemente, sin prisa pero sin mayor detenimiento. Después de todo, nadie lee todas las instrucciones (aunque un estudio dice que todos leemos los ingredientes de nuestro shampoo).
Bastaría con conocer las básicas, esas que impedirían que mi uso o contacto con el electrodoméstico o ser humano en cuestión generase algún daño en mí, por más pequeño que fuera este. Al menos mientras valga la garantía.
Una de las primeras instrucciones de cualquier plancha dicta que debemos verificar primero la compatibilidad del voltaje. Compatibilidad, ni más ni menos. Pues con las personas debiera uno hacer lo mismo. En el manual de instrucciones se mencionaría qué voltaje tienen, nosotros comprobaríamos en nuestro propio manual de instrucciones qué voltaje tenemos y listo. Si utilizamos o estamos en el mismo voltaje ¡que empiece la conexión! Sino, pues no.
Lo de verificar si es que el enchufe tiene conexión a tierra aún no me queda muy claro. Para mi plancha tal vez esté muy bien, pero yo prefiero a las personas sin conexiones. Gracias.
No preocuparse. Esa es otra de las instrucciones. No preocuparse si la plancha nos suelta un poco de humo en su primer uso, son cosas de principiantes. Dicen que sólo se tiene una oportunidad para dar una primera impresión pero mi plancha así no lo cree. El primer humo es cuestión de nervios.


